La menopausia —definida como 12 meses consecutivos sin menstruación, con una edad media de inicio de 51 años— marca el final de la fertilidad pero no el final de la sexualidad. Sin embargo, los cambios hormonales que la acompañan tienen consecuencias reales sobre el bienestar íntimo que merecen información honesta, no minimización.
Los cambios físicos reales
La caída del estrógeno produce: reducción de la lubricación natural (el tiempo para lubricar se alarga y la cantidad disminuye), adelgazamiento y menor elasticidad de las paredes vaginales (atrofia), reducción de la sensibilidad clitoriana en algunas mujeres, y cambios en la anatomía genital por reducción del tejido estrogénico-dependiente.
Los cambios en el deseo
El deseo puede aumentar, disminuir o mantenerse dependiendo de múltiples factores: la relación (una relación nueva o revitalizada puede aumentarlo), la liberación de la preocupación por el embarazo, el estado de ánimo general, el nivel de testosterona (que también declina pero más gradualmente), y la actitud individual hacia la sexualidad postmenopáusica.
Las herramientas disponibles
Lubricantes y humectantes vaginales: primera línea, sin receta, sin riesgos.
Estrógeno vaginal local: crema, óvulos o anillo con estriol o estradiol. Absorción sistémica mínima. Altamente efectivo para la atrofia vulvovaginal. Requiere prescripción.
Testosterona: puede prescribirse off-label para la disfunción sexual hipoactiva postmenopáusica en mujeres donde el deseo es el síntoma principal.
TRH sistémica: cuando los sofocos, el insomnio u otros síntomas sistémicos son el problema principal además de los genitales. Requiere evaluación individualizada del perfil de riesgo.