Las diferencias de género en la sexualidad están siendo reexaminadas con mayor matiz en la investigación contemporánea. Pero una diferencia que aparece consistentemente en los estudios es la mayor importancia del contexto relacional y emocional para el deseo sexual femenino en comparación con el masculino.
El deseo contextual femenino
Emily Nagoski, en Come as You Are, describe cómo el deseo femenino es frecuentemente más contextual que espontáneo: depende de las condiciones del momento —el estado emocional, la calidad de la conexión con la pareja, el nivel de estrés, la percepción de seguridad y de ser deseada como persona completa, no solo como cuerpo.
Para muchas mujeres, si la conexión emocional con la pareja está dañada o fría, el deseo sexual desaparece con ella. Si la conexión emocional está viva, el deseo puede surgir aun en momentos donde la energía es baja.
Las implicaciones prácticas
Si el deseo sexual de una pareja femenina disminuye, la respuesta menos efectiva es aumentar la presión o el contacto físico de iniciativa. La respuesta más efectiva es invertir en la conexión emocional: conversaciones reales (no logísticas del hogar), atención genuina, gestos que indiquen que se ve a la persona en su totalidad.
Esto no significa que el deseo femenino sea "complicado"
Significa que está bien diseñado para un contexto diferente. El deseo contextual tiene la ventaja de que, cuando las condiciones son correctas, puede ser intenso y profundo. Entender qué condiciones activa el deseo propio —y comunicarlas a la pareja— es un acto de autoconocimiento y de colaboración en la intimidad.