La pregunta "¿qué es peor, la infidelidad sexual o la emocional?" no tiene una respuesta universal —pero la investigación sobre el dolor de la traición en pareja arroja resultados consistentes y sorprendentes que desafían algunas asunciones culturales.
La investigación de Buss
David Buss y sus colaboradores han estudiado los celos y la infidelidad transculturalmente. Sus resultados muestran una asimetría de género clásica: los hombres reportan mayor angustia ante la infidelidad sexual, las mujeres ante la infidelidad emocional. La explicación evolutiva propone que el miedo a la paternal uncertainty (hombres) y el miedo a la pérdida de recursos y protección del compañero (mujeres) son diferentes.
La infidelidad emocional
La infidelidad emocional —el desarrollo de una conexión íntima, romántica o de dependencia emocional profunda con alguien fuera de la pareja, aun sin contacto sexual— puede ser devastadora porque amenaza el vínculo exclusivo en su nivel más profundo. Una persona puede tener sexo sin amor; pero la intimidad emocional profunda con alguien diferente a la pareja amenaza la conexión que muchas personas consideran el núcleo de la relación.
Los límites son individuales
Qué constituye "infidelidad" varía por persona y por acuerdos de pareja. Para algunas parejas, la amistad profunda con una ex es infidelidad emocional. Para otras, los encuentros sexuales sin involucramiento emocional están permitidos pero la conexión emocional con otra persona no. La definición explicita de los límites —antes de que se crucen— es la única forma de alinear expectativas.